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Si tu ejercicio cierra el 31/12, ya estás en la ventana en la que todavía puedes “preparar” el cierre antes de que se convierta en una lista de sustos: diferencias de inventario, provisiones olvidadas, amortizaciones mal calculadas o gastos del año que se han quedado en el limbo.

Y sí: todo esto mueve el resultado contable (y, por extensión, decisiones de dividendos, bancos, socios y objetivos). Bajo el principio de devengo, los ingresos y gastos deben imputarse al ejercicio al que corresponden.

Mi recomendación práctica: convoca una “reunión de pre-cierre” de 60 minutos con finanzas, operaciones y comercial y sal con una tabla de 3 columnas: ajuste previsto, responsable, fecha límite. Si no está en esa tabla, suele aparecer tarde… y mal.

Checklist de 7 frentes que un CEO debería pedir hoy mismo:

  1. Inventario “de verdad”: recuento físico, cortes de entrada/salida, mermas, obsoletos y valoración. La regularización anual de existencias se apoya en el inventario de cierre.
  2. Provisiones: litigios, garantías, devoluciones, bonus, penalizaciones, energía, cierres de obra. Lo probable y estimable, se reconoce.
  3. Insolvencias y deterioros: clientes dudosos, stocks que ya no rotan, proyectos con margen negativo.
  4. Amortizaciones: altas/bajas del inmovilizado, vida útil real, activaciones indebidas (o gastos que debían capitalizarse).
  5. Periodificaciones: seguros, renting, mantenimiento, licencias, intereses, servicios recibidos no facturados.
  6. Conciliaciones: bancos, proveedores, nóminas/SS, impuestos, anticipos. Aquí aparecen “agujeros” rápido.
  7. Evidencia y trazabilidad: soporte claro para cada ajuste (quién, qué, por qué, cuánto).

Recuerda el calendario legal: formular cuentas en 3 meses desde el cierre, aprobarlas en 6 meses y depositarlas en el mes siguiente a la aprobación.


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